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El caracol
Justo ve detrás del arbusto al baboso caracol, un gigante. ¡Vaya aperitivo!, grita y prepara el fuego, en el que lo asará. Las llamas del fuego crujen y chispean, y él mira y mira buscando una rima a la palabra caracol. ¡Y por fin la encuentra! “Mikifol, Mikifol”grita.
Le pregunto qué significa, ya que nunca he escuchado esa palabra. “Ja, ja, ¿no lo sabes? Así que tú eres el tonto y no yo! ¿Y tampoco sabes cómo llamaban al célebre escritor Caroll?
Después se lanza sobre el caracol, era grande como un jabato, y lo arroja contra una roca, hasta que este no estira la pata. ¡Pobre caracol! No hace mucho que lo vi mascando aquella hierba agria y pastando entre las abejas en una colina cercana.
Traducción Maria Vicente
Un día descosido
Remendaba sacos, sombreros, chaquetas, camisas, era sastre
y cosía: noche y día, desde el anochecer hasta el alba. Y fui
quien se desgarró la piel para que vieras que bajo ella soy
más hermoso, más puro. Reventé, salí de mí,
plenamente nuevo, renacido adorador. Fui nube sobre tu
rostro, soplo de aire, ventana con mosquitera, que siempre abrías
a mi llegada.
Traducción Esther Rey Losada
Guitarra
Desnuda estás, explotando almidonada en un sinfín
de cuadrículas sonoras, en tus entrañas se construyen
templos, se palpan umbrales, se siembran los dedos;
el tacto, el tacto del fuego, me regocija tu delirante
belleza musical. Sabia condesa, pera delicada, a rastras
te haces añicos en la pista de baile para ir a que te
arreglen, y afinada descansas al amanecer de corazón
en escena. Después de completar la instalación de todos
tus cables te imploro en esta mañana de gorgonzola;
pierna danzante, quisiera insertarme tu corazón.
Intercambiamos miradas de terciopelo, tu satánico talle
se alarga en redonda tirantez, te trituraría con un solo
movimiento de mi mano, volarían por los aires histéricas
virutas; tu seda nunca aparece plantada bajo mis uñas,
entre nosotros se interponen los parásitos, una carcoma
hace vibrar el contrabajo, los gusanos roen la madera
de los tabiques. Quiero intercambiarme contigo,
por todas las cuerdas, amen.
Traducción Manuel de J. Rodríguez Medina
El Gik
En la profundidad,
en alguna parte de los pensamientos apilados,
en las extensiones de un reino inimaginable habita el gik mojigato.
En el cristal de las terminaciones nerviosas,
en el tintineo interior del cerebro, en el citoplasma,
en el protoplasma, en los eritrocitos y leucocitos,
en todas partes, está el gik.
Tumbado en mi cama con el cuerpo tembloroso
aprieto mis piernas contra mi cuerpo,
estrujo la cabeza en la almohada, para no escuchar con que dolor me muerde.
Se hincha como el pasto turco y, ahora,
me ataca con una severidad incomprensible,
trás la síntesis de sus fonemas repulsivos.
Pataleo, me arrodillo, tiemblo, golpeo los muebles y pierdo el equilibrio,
me dirijo hacia la puerta para poder escapar de él.
Pero el gik está ahí, amarillo y triplemente rimoso.
Traducción Maria Vicente
Lo que aprendí en Lituania
Me cautivaron los campos infinitos.
Los anchos campos de arroz monzónico.
Y pregunté: el hombrecito que soy yo, a dónde
ha ido.
No tengo que cabalgar sobre un corcel del desierto
ni contar las estrellas en el cielo, no he de
mirar el caldero cascado, si se tiene en cuenta,
que soy un pobre hombre. No importa si escupo
tres veces en el fuego, si soy el doctor Bizon,
o el que pone la zancadilla y con la misma tropieza;
no, para nada tengo que tocar madera
y decir: ¡Dos profetas y una patata caliente!
De ninguna manera puedo fingir,
y todavía menos, saltar a la pata coja.
La luna está en silencio. Sin color.
Agitadamente lanzo miradas de un lado a otro,
fumando en pipa como mi abuelo.
Traducción José Antonio Alberola Campello
Beatles
Camino por la cueva y descubro objetos que dejaron tras su partida,
la guitarra – simétrica, como si su dueño hubiese sido zurdo.
Yo también soy zurdo, pienso. Sólo que mi guitarra no es simétrica,
ya que está hecha especialmente para zurdos. La fabricó un cierto
artesano por encargo. Me pregunto si Paul también tenía que
cambiar el mástil de lado, y si quizá tenía a su artesano inglés,
a quien visitó y encargó la guitarra... Avanzo por un estrecho corredor
de la cueva. Llego a una pequeña y húmeda habitación. En la esquina hay,
una cítara india, que dejó George. Es un instrumento, que en la música
permite otras distancia de intervalos, la más pequeña de las unidades
ya no es un semitono, sino un cuartitono; esto es esa frontera definitiva,
el límite extremo en que todavía el oído humano puede oír. Avanzo
y llego a la siguiente habitación. Fijo la mirada en un canuto quemado
de marihuana. Me da la sensación que pertenece a Ringo, y algo me
dice, que se lo fumó John.
Traducción Adriana Sayol Małecka
Revolucionario
Cierro la estancia; donde los lazos están escondidos,
El texto de la Marsellesa y mi viejo gorro jacobino viejo.
Está polvoriento y sin él no estaré bien,
Pero si lo tiro, me deshago de los sentimientos.
Un pájaro grazna extraño planeando hacia un condado lituano.
Escupo tres veces al fuego,
Apago una vela, salgo a la plaza del castillo,
Donde me monto a un caballo. "Arre, arre!"
Azuzo a mi ágil caballo
Y sorteamos los puestos de los bandidos,
Como un caballero y escudero preparados para todas las aventuras.
Un carruaje llega de frente - como lo puedo saber,
Que el mismo señor, el emperador cabalga cerca -
Y yo pongo la máscara y quito un puñal afilado.
La libertad se clava en la noche,
Cuando alguien gritará: república, cuando la intimidad
Se frustrará por las zanjas cenagosas,
Cuando me para la ronda nocturna de Rembrandt
(que espuma en la temprana niebla),
Cuando el lodo gorgotee: perderé la cabeza...
Traducción Daniel Gonazalez
El ermitaño y el lobo
Un ermitaño dibujó una línea en la arena y dijo:
“No puedes cruzar esta línea”.
Luego dibujó un círculo y dijo:
“Debes permanecer en este círculo.
Puedes cruzarlo, pero no la línea”.
Luego una tempestad arrasó con la línea.
El lobo se quedó en el círculo.
El frío y la lluvia lo hostigaban, pero él no se movió.
No sabía si la línea seguía existiendo,
A pesar de no seguir dibujada en la arena.
Traducción Nancy Cataldi
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